Cecilia Nori
- Magali Agnello
- 6 feb 2023
- 8 min de lectura
Actualizado: 6 feb 2023

En las películas, cuando el protagonista se encuentra desanimado, algún otro personaje le da un gran discurso inspirador que le cambia la manera de ver las cosas y da vuelta su vida. Pero en la vida real a veces no pasa así. A veces el “discurso inspirador” viene de personas cercanas que simplemente te muestran su apoyo, sin palabras dignas de guión cinematográfico.
Cuando Cecilia se sentía desbordada de estrés por estar trabajando en un proyecto que ya no le llenaba, su novio -quien ahora es su marido- le preguntó porqué estaba así. “Hace un año que no puedo pintar” dijo ella, a lo que él le respondió: “Pintá, dejá todo y ponete a pintar, yo te banco. Con esta vamos juntos”.
Cecilia Nori es pintora, artista autodidacta, muralista, amante de las acuarelas y madre. Nació en General Roca, en la provincia de Rio Negro. Vivió en Cipolletti, en Buenos Aires y actualmente en Bahía Blanca.
Su trayectoria comenzó primero estudiando algo que nada tenía que ver con el arte, medicina en Cipolletti. Al salir del secundario con la idea de que había que elegir una carrera que fuera de ciencia, pensó que al ser buena en biología y química la carrera en salud era una buena opción. Pero luego de un año se dio cuenta que no quería ser profesional de la salud. No quería ni ser médico sin fronteras, ni estudiar hasta los cuarenta años, tener un lindo consultorio y el auto… Se dio cuenta que lo que amaba era el arte, pero eso era algo que no lo veía como “carrera”. Así que se decidió por un lado B: el diseño de indumentaria.
En aquel momento el diseño de indumentaria era una carrera que estaba en auge (diez años atrás). Y ella era buena en eso. Esto comenzó cuando fue para Bahía Blanca, primero como unas vacaciones, ya que Cecilia tenía una amiga viviendo en dicha ciudad. Esta amiga estudiaba diseño de interiores, y tenía otras amigas que estudiaban diseño de indumentaria. Sin querer se encontró preparando sus finales, entintando croquis y cosiendo vestuario. Ahí fue cuando le dijeron “vos tenes que ser diseñadora de indumentaria” y sin más le dio para adelante.
La carrera la vivió con un sentimiento de amor-odio. Le encantaba crear cosas, especialmente lo que tenía que ver con el vestuario teatral, pero el mundillo de la moda le dio asco, ya que lo que este fomentaba se alejaba mucho de sus principios. Fue entonces cuando a mitad de la carrera comenzó a ir a un curso de dibujo -porque ella era muy mala dibujando en ese entonces- y allí alguien le contó que estudiaba ilustración. No podía creerlo. Le voló la cabeza que existiera realmente una carrera que te preparara para hacer por ejemplo cuentos de niños o personajes. Enseguida pensó en cambiarse, pero como la carrera de indumentaria era una carrera corta, paga, tenía buenas notas y ya estaba a la mitad decidió terminarla, aunque a ella no le importara el título.
Al finalizar la carrera comenzó un emprendimiento relacionado a esta. Dentro del ámbito de la moda el rubro que sí le parecía precioso era el de la ropa infantil, ya que es totalmente desestructurado. Además entre la ropa de niños y los disfraces la línea es muy delgada. Le gustaba para poder aplicar sus conocimientos sobre ergonomía y la idea de que la ropa fuera creciendo con el niño. Que le sirviera dependiendo de cada etapa. Pero haciéndolo cayó en la monotonía de coser al estilo fábrica. Comenzó ese emprendimiento con una amiga quien lo abandonó a los meses y cuando ella debería haber tercerizado su trabajo no se animó, se desbordó de estrés. Fue en este momento cuando todo cambió. Cuando recibió aquellas palabras de aliento que la impulsaron a comenzar a perseguir aquello que realmente amaba: pintar.
Como todos los artistas, Cecilia fue intentando buscarse dentro de su arte y buscar su voz, aquello que muchos llaman estilo. Aunque tenerlo no es algo que necesariamente le interese, ya que lo importante es que ella tiene claro que es lo que hace cuando pinta. Por un lado comunicarse. Las cosas más importantes y más grandes que tiene para decir las puede pintar más que poner en palabras… Comunicar experiencias a través de sus pinturas. Y por otro lado la estética le resulta sencillo. Embellecer lugares es algo que definitivamente puede hacer.
A los murales llegó porque siempre se sintió cómoda pintando en cosas grandes. De hecho su segundo óleo fue en un bastidor de un metro y medio por dos metros, el cual surgió de un sueño. Cuando despertó lo primero que hizo fue agarrar un cuadernito que llevaba a todos lados y bocetar aquello que había pintado en el sueño.

Consiguió un bastidor y encaró ese cuadro a pesar de no tener casi práctica con el óleo, sin hacer pruebas de color ni un boceto complejo. Fue un cuadro que prácticamente parió, ya que le llevó varios meses de trabajo. Meses de pintar el mismo Buda sin parar Equivocándose, corrigiendo, pero finalmente quedando conforme con el resultado, realizado con aquellos colores mezclados en una vieja paleta de maquillaje que había comprado cuando maquillaba chicas para la pasarela.
Y eso no fue lo único, también que comenzara con los murales fue una suerte de chiste interno con amigos: ellos le decían “armonizadora de lugares”, porque llegaba a sus casas y era más fuerte que ella, se ponía a cambiar cosas de lugar guiándose por lo que le resultaba más armonioso, incluso sin saber nada sobre feng shui. En el tiempo que vivió en Buenos Aires luego de terminar la carrera, coleccionaba fotos que tomaba de murales que aún conserva. Pero ese tiempo fue corto, porque a la gran ciudad fue buscando sueños -bajo la idea de que para ser artista hay que vivir sí o sí allí- pero se encontró con horas y horas de transporte público, haciendo filas para hacer filas y yendo de un lugar a otro cuando en realidad lo que simplemente quería era pintar. Ahí fue cuando volvió a Bahía Blanca, donde tenía tiempo, un patio hermoso y un lugarcito para explayarse con sus colores.
Eventualmente una amiga le preguntó si podía hacerle un mural en su casa y así lo hizo.
Su inspiración proviene muchísimo de la naturaleza, de lo místico o lo espiritual, de la magia… Y también de su hija. Verla crecer le genera mucha curiosidad sobre muchas cosas de la vida y sobre cómo todos nosotros también fuimos niños alguna vez.
Conjugar la maternidad con el arte es algo que hace como todas las madres, aprendiendo de ello. Aprendiendo a tomarse el arte como una profesión que necesita de su tiempo y de su espacio. Que ella como artista también necesita su tiempo y su espacio para nutrir su creatividad y aprendiendo a soltar los tiempos estrictos, las planificaciones rigurosas. Muchas veces los planes cambian y simplemente hay que fluir con lo que está sucediendo. Hay días que tiene la bendición que en el momento que tiene que terminar un trabajo su hija duerme una siesta de dos horas y puede aprovechar esa oportunidad, y a veces donde cuenta con que a cierta hora va a estar en el jardín o con otra persona y de pronto ese plan se cae… Entonces se encuentra pintando de todos modos, pero con témperas y en el piso. Todo esto forma parte del intento de equilibrio entre maternar y ser artista.
Casi siempre cuando trabaja escucha música, y lo que escucha depende de lo que esté haciendo. Por ejemplo uno de sus primeros proyectos fue hacer retratos de músicos, y para dicha tarea mientras dibujaba escuchaba a quien estaba retratando. Igualmente si hay que nombrar algunos entran acá Perota Chingó, Cerati o música de meditación para realmente entrar en el trance de pintar y olvidarse del resultado, hundirse en lo que está haciendo.

Si tiene que elegir un elemento favorito de trabajo por un lado menciona la microfibra 0,05. Curiosamente no sabe bocetar en lápiz, va directo a la microfibra. Y también la acuarela -aunque esta más bien sería un medio- ya que ama que sea tan traslúcida y tan impredecible. Con las acuarelas nunca se sabe a ciencia cierta cómo va a salir cuando se empieza y eso le da un encanto peculiar.
Su proceso es distinto según si lo que hace es una obra por encargo o un trabajo personal. Si es por encargo primero busca indagar mucho en quien lo está encargando y qué busca de esa obra. Luego dibuja mucho sobre toda esa información y después va dejando que la obra se arme sola.
Pero cuando las obras son propias, el proceso es más interno y difícil de explicar en palabras. Simplemente ocurre dentro de ella y cuando decanta lo hace en una imagen. Primero escribe las cuatro palabras que puede identificar y a partir de ahí busca referencias, que si no las encuentra las genera a través de alguna foto. Si está insegura de algo hace pruebas de color. bocetos chiquitos en cinco o siete centímetros y dos o tres pruebas distintas de cómo pintaría la obra. Los materiales y tamaños a veces los elige conscientemente para poderlos escanear, pero otras veces también pasa de forma inconsciente, simplemente siente que tal cuadro tiene que ir en determinado tamaño.
En cuanto a consejos, no es solamente uno el que puede dar. En primera instancia, no dejar de dibujar. Dibujar en cada ratito que se tenga. Ese fue de hecho uno de los mejores consejos que recibió cuando recién empezaba. Un grandísimo profesor le dijo que llevara una libretita, “la más pedorra y chiquitita que tenga”, a todos lados, y que dibujara en cada tiempo muerto. En la cola del banco, esperando un turno para un médico, en el colectivo, en la parada del colectivo… Aquel ejercicio para la mano es inigualable, y también lo es hacer retos. Retos de treinta días, veinte días, una semana. El que te guste o te interpele. Los retos son geniales porque uno puede ver el propio crecimiento de una manera muy gráfica, porque sin importar cuantos dibujos malos haya en ese reto el hecho de sentarse, empezar y terminar un dibujo todos los días es práctica no solo para la mano, sino también para la cabeza. Hay días que la idea te llega sola o ya se la tiene de antemano, y otros donde hay que cumplir con la consigna sin saber realmente qué hacer. Resolver eso último también es agilidad mental, ya que luego en el ámbito laboral te van a venir trabajos donde el cliente te diga “no te preocupes, tengo todo el tiempo del mundo” y otros donde el cliente no va a saber lo que quiere pero va a quererlo para mañana.
También probar técnicas es algo clave. Probar, mezclar y seguir probando, porque de allí y de los errores es de donde surgen las pequeñas serendipias y la magia de las ideas. Hay que amigarse con el error, dice Cecilia. Ella piensa que los artistas sufren mucho del perfeccionismo y ese es uno de los mayores boicots que hay, porque se disfraza de “quiero lo mejor para vos” y no hace más que poner trabas al ver los pequeños defectos que en realidad no tienen tanto sentido. Hay que animarse a equivocarse, porque de los errores es que salen cosas maravillosas.

El año pasado fue un año de logros para ella, porque fue un año de aprender y aventurarse a retos, un reto tras otro. Se animó a cosas que antes le habían ofrecido pero no había dado el paso adelante. Por ejemplo el empezar a cobrar por sus murales, a recibir encargos de diversos tipos, hasta diseños de tatuajes que están muy fuera de su zona de confort. También dar clase porque siempre le gustó enseñar, pero como pintura no fue algo que aprendió de manera formal se sentía incapacitada para enseñarlas. Y sobre los fracasos… Estos igualmente los siente como un logro en algún punto, ya que son una parte imprescindible del proceso artístico. Algo que siente que todavía no logró es una muestra que se propuso, con obras que tengan cohesión entre sí y que tengan música relacionada. Usualmente se tiene la utopía en la mente de qué es ser un artista, y que se comienza a serlo en el momento en que se expone por primera vez, pero lo que la gente muchas veces no se da cuenta es que ese artista pueden haber llevado diez o quince años pintando antes de lograr exponer, y ya eran artistas antes que eso.
Este año su enfoque piensa que va a estar puesto en seguir creciendo como artista independiente. Seguir trabajando en esa colección de obras que algún día llegará a exponer y seguir pintando murales, dándoles vuelta de tuerca a los distintos espacios que le propongan. Desde galaxias hasta bosques, desde nubes en cuartos de niños hasta todo lo que salga de la imaginación de sus clientes y la suya. Cecilia pinta con el corazón, poniéndose sus auriculares, observando las paredes y dejándose llevar por los trazos de su pincel.
Sus redes:
Sus murales: https://www.instagram.com/murales_cen/
Sus trabajos personales: https://www.instagram.com/cecilianori/
Encargale un mural: https://surveyheart.com/form/63cac03cd20fd610cc9506e3


































































































































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