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Mariano Blanpain

  • Foto del escritor: Magali Agnello
    Magali Agnello
  • 25 abr 2023
  • 5 min de lectura

¿Sabías que cada línea que se ve en la madera representa un año en la vida de un árbol?

Si tenes algún instrumento musical de madera en tu casa te invito a que lo tomes y lo mires con detenimiento, pensando en cuan milenario fue ese árbol que cumplió su ciclo y

lo mágico que es que ahora puedas darle otra vida a través de sonidos y canciones.

Los luthiers son quienes se encargan de hacer esa metamorfosis en la madera, de transformarla en algo capaz de generar sensaciones, contar historias y anécdotas a través de la habilidad del músico. Y a eso se dedica Mariano.




Mariano Blanpain nació y vive actualmente en la ciudad de Bahía Blanca.

El arte ya formaba parte de sus intereses, habiendo estudiado tres años la carrera de Ilustración. Pero, a pesar de que dibujar es algo que disfruta mucho, se dio cuenta que no terminaba de apasionarlo, y cuando un amigo le mostró un programa donde hablaban de una escuela de luthería en El Bolsón fue cuando decidió dar un volantazo en su vida y partir para esos lares.

Mariano había estado en contacto con la madera desde chico, pero nunca se le había cruzado por la cabeza crear instrumentos. Y en esa escuela de luthería que se ubica en Paraje Entre Ríos (entre Lago Puelo y El Bolsón) se encontró con lo que realmente es su pasión. Allí cursó durante dos años de los tres que eran la carrera.

Llegaban los lunes y él los comenzaba con una energía diferente al resto del mundo, ya que ese día era “los lunes de taller”, y se pasaba aprendiendo allí dentro desde el mediodía hasta las diez de la noche, de la mano de grandes profesores y compañeros. Eso es lo que logran las pasiones, que no puedas esperar a que comience la semana.



Al estar viviendo ese tiempo en el sur, estar en contacto con la madera es algo de todos los días, no hay forma de que no se aprenda así. Y con el tiempo el luthier va descubriendo cual es el sonido de cada una. La madera misma es la que lo inspira. Viéndolas puede decir “esto va a ser un charango”, “esto va a ser una guitarra”. Puntualmente el ciprés es un árbol milenario que le gusta por tener otro timbre, otro ataque el sonido... En el sur también, para alguien oriundo de Bahía Blanca, cuando nevaba era como viajar a otra dimensión, la misma escena que vivís todos los días pero totalmente diferente.


Algo que la gente no suele saber es cuánto tiempo toma crear un instrumento desde cero. Si bien son muchos factores los que intervienen, se podría decir que un número promedio es de cinco o seis meses, dedicándose solamente a ese instrumento. Terminar uno a Mariano le resulta una suerte de alivio, porque estar trabajando tanto tiempo sobre lo mismo es lógico que canse, sobretodo si no pasa nada raro cuando se le ponen las cuerdas, ya que al hacerlo se le está agregando tensión a algo que no lo tenía y eso puede producir que el instrumento se rompa. Eso le pasó con su primer ukelele, al cual se le voló el puente apenas terminó de afinarlo.Y luego de esa parte del proceso viene la sensación de gratificación, ya que es hermoso crear algo de un pedazo de madera para que alguien más use. Y si bien el instrumento puede ser el mismo, al hacerlo tres o cuatro veces aún así cada uno suena distinto.

Quienes tienen muchos años de investigación y construcción es más probable que puedan lograr que sus sonidos si quieren se parezcan o que sean diferentes si así lo desean. A Mariano la madera todavía le sigue “mandando”, pero le gustaría que llegue ese momento en el que la madera simplemente “lo guíe”.



En cuanto al proceso, una de las partes que más disfruta es cuando tiene que doblar las fajas, lo cual consiste en calentar un fierro, humedecer la madera, calentarla e ir dándole forma. Y sobre los instrumentos de trabajo, la escofina y el formón son de los que más le facilitan el trabajo.














Su taller para él es algo a lo cual hay que hacerle honor. La luz que entra por las ventanas particularmente le gusta, y siempre está en plan de poner más ventanas. Le agrada la idea de romper espacios que estaban vacíos y que entre luz por ahí. Las remodelaciones las ha realizado mayoritariamente él mismo y estas le han permitido estar más cómodo, y al ser un espacio propio le da una satisfacción especial.



El canto también forma parte de su vida, pero no está tan conectado con la luthería como usualmente se piensa. Él considera que no necesitas ser músico para hacer instrumentos, aunque sí es cierto que tenes que entender ciertas necesidades que pueden tener quienes los tocan. También hay que saber ciertos conceptos musicales y otros de física.

Volviendo al canto, Mariano solía solo tocar la guitarra pero ahora también canta y con un amigo, a quien le vendió su primer guitarra, quieren meterle de forma más seria a tocar, hacer al menos una fecha al mes. Tienen ya temas propios que varían por varias ramas pero no se sale del rock y lo experimental.



Uno de sus últimos logros es el haber concurrido a una muestra de luthería en Córdoba, donde llevó su guitarra. La invitación vino de uno de sus profesores. En aquella muestra había muchas personas que ya tienen sus amplias trayectorias, luthiers que ya vienen construyendo instrumentos desde los 70’s, y animarse a llevar su primer guitarra para él fue un montón. Le sirvió mucho como experiencia y además pudo ver que no está tan lejos de la calidad que quiere lograr con lo que hace. Recibió tanto elogios como críticas muy fructíferas, además de sugerencias de músicos. Incluso han llegado a decirles que cuando llegue a su tercera o cuarta guitarra les gustaría escucharla.


En cuanto a fracasos, siente que estos van por el lado de no llegar a entenderse con algunos clientes. Siente que lo flojo de su emprendimiento es justamente lo “comercial”. De esto aprendió que hay que saber decir que no de entrada cuando ya podes vislumbrar que algunos trabajos van a terminar siendo un dolor de cabeza, además de que no todos los instrumentos tienen arreglo, a veces ocurre. Esto va de la mano con lo que quiere que sea su enfoque este año: darle más valor al trabajo que hace. Que le sirva no solo para sobrevivir sino también para vivir bien.



Sobre consejos, lo que él le sugeriría a alguien que quiera iniciarse en la luthería es que hay que acostumbrarse a que muchas veces no te van a salir todas las cosas bien, pero que si fracasas estás aprendiendo. Hay que reivindicar el error, de los errores siempre se aprende. Siempre meterle para adelante y ser constante, no hay otro secreto. Usualmente nos educan con la idea de que equivocarse está mal, lo cual fomenta mucho el sistema educativo. Pero esto es justamente, errado, ya que del error es de donde más se aprende porque te quedan mejor grabadas las cosas y eso te cambia todo. Algo así le pasó en el segundo año de la carrera. Mariano estaba construyendo un arpa y sin querer realizó una marca de más donde iban las clavijas, que eran diecinueve y así terminó quedando un agujero de más. Por eso tuvo que improvisar algo para tapar ese agujero que igualmente terminó quedando hermoso. Es al día de hoy que sus profesores siguen recordándolo por eso. No hay que dejarse boicotear, ya que si se le tiene miedo al fracaso se terminan haciendo las cosas con miedo y así no se pueden lograr buenos trabajos.






 
 
 

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